La vida útil de una férula, especialmente las de descarga para el bruxismo, suele oscilar entre los 2 y 5 años, aunque este tiempo varía según la intensidad del hábito del paciente y la resistencia del material. Con el uso diario, es normal que la férula sufra un desgaste progresivo, presente pequeñas grietas o pierda su ajuste óptimo, lo que obliga a su sustitución para que siga siendo efectiva.